POEMAS DE MATILDE

I N D I C E

HOGAR

Confidencias A Mi Madre
Noches Invernales
Postrer Momento
A Las Damas Orureñas

PATRIA

Clamor De Mar
Llanto Amargo
Un Nuevo Pueblo

DIOS

Oremos
María Elisabet

En La Casa De Dios
Electa Madre
Mensaje A María
Dolor Y Gloria
Matanza De Inocentes
Luz Misteriosa

CONFIDENCIAS A MI MADRE

Madre mía; esta mañana, después de mucho tiempo,
Fui a la Iglesia del Hospicio San José, para oir el sacrificio
de la misa.
Imagínate, no puedes creer, cuanto he sufrido.
El altar, los graves sonidos del órgano,
Los melodiosos cánticos de los huérfanos...
En fin, todo lo divino que existe en el templo,
Parecía hablarme de mi padre, evocándome el pasado.

Con mi pensamiento, volví a aquellos tiempos felices,
Donde mi alma casta, embriagada con el cariño tierno de mi padre,
Esperaba ansiosa el momento de encontrarme,
Entre sus cariñosos brazos,
Para acariciarle suavemente y posar mis labios,
Sobre su venerable frente, dulce, leve y silenciosamente...

Sentí ánsias infinitas de orar por él,
Misteriósamente me encontré en éxtasis,
Donde parecía vagar mi alma de blanco vestido,
Llevando consigo lo que poseo de triste desconsuelo;
Confundida entre la fragancia del incienso,
Y el suave perfume despedido de las azucenas.

Viajaba, viajaba mucho y parecia ser fin de la jornada,
Ahí estaba Dios, surgiendo entre el candor de nubes,
En su frente amplia dibujábase imponente diadema,
Su rostro reflejaba bondad, sus ojos llenos de piedad,
Vestía regio manto y túnica de púrpura, el color;
Circuirle ángeles de rosadas alas y reflejos de oro,
Mientras que perfumadas brisas traian ecos de concierto.

Enmudeció el alma mía, ante la vista del Eterno,
Como negra nube germinaba en mi mente,
El cuadro glacial del "Postrer momento",
De la existencia de mi inolvidable padre.

Nace de lo más recóndito del alma una plegaria,
El labio tiembla al quererla exhalar,
Y surge tenuamente entre ahogados suspiros:
¡Dios mío, y mi padre?

Un sudor frío cubre todo mi ser volviéndome
A la realidad, alcé los ojos suspirando;
Al frente se levanta el Altar Mayor,
Al centro destacábase vistosamente Cristo,
Circundado de focos eléctricos de tembloroso fulgor,
Lirios desmayaban en búcaros, como soñolientos querubes;
El humo del incienso suavemente mimaba el Altar,
Mientras agonizaban los últimos preludios del organo,
Y en la triste Iglesia moribundos los cánticos sagrados,
Volaban hasta el cielo...

La Paz, 8 de Sepiembre 1919

NOCHES INVERNALES

Yo amo, la calma de noches invernales,
Cuando la luna vaga cautelosa,
En diáfano espacio,
Ungiendo con luz ambar,
los seres y las cosas.

Cuando estas noches cierran,
mi alma y el alma del paisaje,
pensativos de apacible tristeza se revisten...

Amo la soledad de noches abandonadas,
El espíritu divino de sus horas,
circula sutil en la semioscuridad,
Y parece que tomaran las manos de mi espíritu;
Luego mecidas en ritmo divino,
Caminan, caminan cadenciosamente,
En el reino del Silencio.

Cuando entona música de bello sueño,
Leve resonancia saumada en incienso,
Acaricia mi ser, con alas de seda,
Bajo la lumbre vaga de exóticas pupilas.

Amo el silencio de noches desoladas,
Mi espíritu fatigado de toda realidad,
Descanso encuentra en su regaso silente;
Bebiendo afanosa de su boca extraña,
Nectar de suprema quietud;
Afanosa de olvidar su prosaico vivir,
Encanto de noches ignotas;
¿Cómo no amarte?
Ropaje de noches misteriosas,
Yo ansío, aguardo,
Como palomita mansa,
Tus mantos compasivos,
Desplegarse ledamente,
Sobre las inmaculadas
Flores de mis sueños místicos.

Ven, ensueño, en la dulce calma de noches desoladas;
Confortarás el cielo de mi alma,
Luz serás, con tu esplendor;
deslizarás,la penumbra de mis días;
Tus galas me mostrarán cielos de ventura.

Te espero en la quietud magna,
De noches sombrías, ¡ven, ya te aguardo!.

POSTRER MOMENTO

Por los anchos cristales de la ventana,
Penetraba la luz pálida de la luna,
Dando al teclado reflejo de mística luz;
En un búcaro se extinguía una flor.

Mi madre mustia, sentada cerca al piano,
Su cabellera blanca, bañada por la luna,
Daba un marco resaltante a su venerable rostro,
Yo la contemplaba, inspirábame respeto su silencio.

La noche vagaba en honda melancolía,
Como un misterioso lago sin cisnes.
Un cielo sin estrellas,
O una existencia sin ensueños.

Interrumpí el lúgubre silencio,
Con un preludio de acordes;
Parecía haberla despertado de su éxtasis místico,
Donde su alma dolorida buscaba la protección divina.

Oía taciturna las evocadas notas
De la sonata Claro de Luna, del sublime Beethoven;
Mi madre emocionada escuchaba,
mas algo muy bello moría en su alma enferma.

La noche avanzaba con languidez infinita;
Se entristecía la luna, lloraba el piano;
Madre mía! tu silencio martiriza mi alma dolorida,
Embriagándola con aroma de tristeza.

Ay! ya ví marchita tu existencia,
Tu alma enferma, tu ensueño muerto;
En tu frente pálida como el nardo,
Diseñábase una aureola de angustia.

Tornaste tus ojos dulcemente a la gloria,
De tus trémulos labios brotaban suspiros,
Tu mano me bendijo,
Luego escuché un vago adios
Penetró lo más recóndito de mi corazón,
Mi alma guarda este postrer adios,
Con santo fervor.

Ascendiste! cerré los ojos suspirando,
Caí en árida orfandad...
Al levantar mis ojos, el cielo estaba gris,
Sus oscuras nubes me anunciaban,
Mi porvenir glacial.

En aquel aciego momento,
Desapareció la estrella luminosa,
Que guiaba mi incierto caminar;
Quedé en noche lóbrega ¡Sin Madre!

A LAS DAMAS ORUREÑAS

Distinguidas damas:

Me honro al constituirme en heraldo del Club del Libro Nº 14 de la Asociación Cristiana Femenina, de la ciudad de La Paz y ofrecer mi reverendo saludo en éste significativo día, donde se conjuncionan nuestras almas por el divino destello de un común ideal: El libro.

Congratulo y auguro a esta pleyade de Damas, que han hecho del Libro, su escudo y de la Pluma su lanza: os contemplo erguidas como una sucesión de poemas épicos con los ojos y el corazón hacia el ideal, nada amengue en adelante en magnitud de lo porvenir y siempre entonemos juntas, poemas de paz y progreso para nuestra amada Patria.

Justo es pués, vibre vuestro corazón al unísono con los nuestros y sintamos la sagrada enseñanza de la Fe en nuestro ideal:
el Libro, que vislumbra senderos varios para enaltecer la amada Patria.

El heraldo cumple su misión de ofrecer el rendido homenaje del Libro Nº 14, de las hijas del majestuoso Illimani.

Oruro, 26 de Marzo de 1966.

CLAMOR de MAR

¡Bolivia! dolorosa madre,
Tus hijos corazón de América;
Justicia claman!

Sueños inauditos,
De injusta ausencia.

Ansias infinitas de rumores de Mar;
Impulso indómito de arrullarnos en olas,
Irresistible encuentro con cautiva azul.

Emana un Salmo angustioso,
Escuchad vecinos, hermanos del mundo oid.

Clarín anuncia profética vuelta;
Ecos de metálico timbre,
Llevando hasta confines de diáfano azul...

LLANTO AMARGO

Escuchando estoy el eco de un llanto,
Amargo lamento estrujando mi ser;
Es el llanto de mi madre,
Taladrando mi alma está,
Y vivo sin poder soñar.

¡Patria amada!.¡Bolivia mía!
De tu llanto el eco no puedo olvidar;
Desde mi infancia anhelé,
Verme en tus ojos azules,
Las lágrimas anublan tu mirar.

Tus hermanos te enclustraron;
Ropaje raido cubre tu ser,
Mas cojín de oro es tu sitial;
Vampiros apasionados,
De tu vid nutriéndose estan...

De las montañas milenarias,
Do mi aposento circundan;
Preludia el viento un miserere,
Murmurando audible verbo:
El hermano Caín, por usura la cegó.

La Paz, 27 Junio 1923.

UN NUEVO PUEBLO

Vimos surgir un nuevo pueblo en libertad,
Un pueblo erguido y sin temor;
Uno de fuerza y de piedad.
Un pueblo libre de la opresión,
Que alegre canta su salvación.

Escudriñemos nuestro camino
Y volvamos a Dios.
Levantemos nuestras manos al Señor
Y volvamos a nuestro Dios.

Por la bondad de Dios,
No hemos sido consumidos,
Porque nunca decayó su bondad,
Nuevas son cada mañana,
Si, nuevas son cada mañana,
Y muy grande su fidelidad.

¡ OREMOS !

Padre nuestro que estas en los cielos!
En la calma de una noche oscura,
Luz inundó el mundo,
Un ángel rompió el silencio,
Anunciando con voz de seda:
¡"El Salvador ha nacido en Belen"!
El mundo estremecido,
Escuchó himno angelical:
"Gloria a Dios en las alturas,
Paz en la tierra y buena voluntad,
Para con los hombres".

Santificado sea tu nombre!
Las brisas viajan llevando los ecos,
De misterioso canto,
Más allá se pierden,
Y renacen en los confines,
oidos que oyeron no escucharon,
Ojos que miraron, no vieron.

Perdónanos nuestras deudas!
Todos nos descarriamos;
La humanidad se debate con ardor,
En el reino desolado,
Unos con otros en ambicioso rencor,
De todos los ángulos,
Emanan rumores de ¡Ayes!
Varones, mujeres, niños, ancianos,
Gimen adoloridos: paz, paz, paz.

No caigamos en tentación!
Preciso es buscar el camino;
Acabe de esta tierra la opresión,
El mundo entenebrecido clama:
Dios nuestro danos tu paz!
Innunde nuevamente tu luz;
Corazones entonan profética canción:
"Gloria a Dios en las alturas,
Paz en la tierra y buena voluntad,
Para con los hombres"

Padre nuestro que estas en los cielos!
Danos luz y paz, porque tuyo es el Reino,
el Poder y la Gloria. Amén

MARIA ELISABET

Hermosa mañana aquella!
El sol sonreia sus aureos rayos,
Diluía oro sobre la tierra.
Una brisa perfumada,
Acariciaba el ambiente,
Trayendo música angelical,
Varones, mujeres y niños,
A los caminos descendían,
Alegres y bulliciosos,
Al encuentro del "Hombre".

¿Será éste el Mesías prometido?
Nada bueno puede dar Nazaret.
Un anciano en voz alta pregonaba:
Es un gran Profeta,
Este es el enviado de Dios;
Es la hora esperada,
El momento divino nos ha llegado!

En un ángulo, yacía una mujer,
De aspecto dolorido y semblante pálido,
Me atrajo su mirada melancólica;
Iba yá a interrogarla.
De pronto se oyó un murmullo,
Era un tropel de gente,
Acercándose por el camino.

Al centro destacábase,
Un "Hombre" de porte inconfundible,
Imponente su varonil postura,
Llevaba la cabeza descubierta,
Su rostro tostado por el sol,
Las mejillas sonrosadas reverberaban;

Peinaba una raya al centro,
Sus cabellos hasta los hombros,
Terminaban en bucles;
Llevaba barba poco espesa,
Concluyendo en dos puntas;
De su ser emanaba excepcional potencia;
Ligeros y suaves eran sus modales.

De pronto, vi correr una figura,
Arrastrándose como pajarito,
Herido y fugitivo.
Yo la seguí sin perderla;
En medio de la muchedumbre,
Presta tocó ella el borde
del manto de Jesús,
¡Yo ví! y yo, también toqué...

Maravilloso encuentro!
El se detuvo - ¡Quién me tocó?
Su voz dulce y vivificante,
Saturaba el corazón humano,
De ansiedad y esperanza,
De su ser brotaba amor y ternura.

La mujer postrada quedó,
Y en suspenso quedamos todos,
Como si un hálito sutil,
Acariciara nuestro espíritu,
De quietud suprema.

Pedro rompió el silencio:
Maestro, no ves tanta gente,
Que te aprieta y oprime,
Y Tú dices ¿Quién me tocó?
Cristo dice;"Alguién me tocó,
Virtud emana de mi ser"!

La mujer se levanta ante El,
Diciendo: Yá me sanaste Señor,
¡ alabado seas!
Jesús levantando sus manos le dijo:
Hija, tu fe te ha salvado,
Vete en paz, y nos bendijo a todos;
Alejándose rodeado de inmenso gentío.

Mis ojos se nublaron,
Y caí en divino extasis,
Donde mi alma sentía,
La luz de su glorioso Espíritu;
Volví a la realidad, no sé cómo,
Estabamos abrazadas las dos,
Sonreimos al mirarnos.

De pronto su rostro tornose,
De color radiante;
Su cuerpo se enderezaba,
Brillaban sus pupilas,
Llenas de optimismo, me dijo:
María Elisabet es mi nombre;
Fariseo fué mi padre,
Consumí mi patrimonio,
En médicos, magos,
Curanderos y brujos;
Doce años padecí flujo de sangre,
ningún poder humano pudo salvarme,
Consumiéndome sin esperanza;
Emprendí el viaje,
Caminando llegué a su encuentro,
Segura de ser sana y salva;
Al fin pude ver al Maestro,
Y ya estoy sana ¡Gracias a mí Señor!
¡A brotado el reino de Dios!

Mira, trasmontando ya están;
Yo voy en pos de El!
No quiero perder sus huellas,
Al oir su voz, un mensaje
Sin palabras a escuchado mi espíritu.
Dios se ha manifestado!
Ha renacido el milagro de ser "libres",
Vibrando estoy, dicha inefable,
Es la hora de la prueba,
Voy hacia la "Verdad".
María Elisabet, hasta vernos!...

EN LA CASA DE DIOS

A los pies de la colina de los Olivos,
Jerusalén la magnífica se ostenta,
Destacándose como encanto divino,
Entre las montañas que la circundan.

Jesús llegó por vez primera,
A sus ojos se ofrecía,
La ciudad y el Santuario,
De aspecto impresionante,
Bellísimo, de encanto sugestivo.

El Maestro, al contemplar,
Tuvo visión profética,
De cabal conocimiento,
La suerte que le esperaba,
A esta grandiosa Ciudad;
Y lloró...lloró...lloró, sobre ella...

Descendiendo de allí,
Seguido de sus discípulos,
Dirigiose hacia el Templo.
Su mirada abarcó toda la escena,
Divina luz, iluminaba su rostro;
Vió el atrio convertido,
En una feria vulgar.

¡Quitad de aquí todo esto!
"Mi casa será llamada,
Casa de oración para todos los pueblos".
Y tomando en sus manos haz de cuerdas,
Levantó en alto sin tocarlos;
Destello de fuego parecía.

Todas las miradas fueron,
Atraidas hacia El.
Los traficantes despavoridos,
Huyeron del Templo,
Los atrios quedaron libres,
De todo tráfico profano.

Huyeron sacerdotes,
Y príncipes del Templo,
Hacia la puerta de escape,
Para no ser vistos, llevándose,
Condenación de la presencia de Jesús.

Los príncipes y sacerdotes sabían que,
Jesús era el Ungido del Señor;
Ellos poseían los rollos sagrados,
Que describe su misión,
de Mesías enviado de Dios;
¡Temían declararlo!
La purificación del Templo era,
Manifestación de un poder más que humano.

Cristo miró anhelante,
A los hombres que huían,
Compadeciéndose de su temor
E ignorancia.
Con voz quebrada por el llanto,
Con una compasión,
Que superaba a una madre, decía:
"No temais yo os libraré,
Y vosotros me glorificaréis,
Por esta causa vine al mundo"...

En esta escena Jesús veía,
Simbolizada la dispersión,
De toda la nación Judía...

ELECTA MADRE

Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos...II Juan 6

Juan el joven apostol,
Reclinaba gloriosamente,
La cabeza en el pecho,
Del divino Jesús.

Encuentro tan amado,
Impregnó en su rostro y corazón,
Algo sublime emanado,
Del amado Salvador.

Una vez el evangelista yá anciano.
Escribió una misiva,
A electa madre y sus hijos, decía:
"Regocijado estoy en gracia y amor,
Vi tus hijos andando,
En vía de verdad,
En el mundo, caminando".

El epígrafe de idea significativa,
Tambien se asocia a toda madre,
Ella es la excelsitud sublime,
A esculpir la personalidad de sus hijos.

Por gracia de Dios, la madre,
En sus manos posee la arcilla,
Todo ensueño emanado del corazón,
Para modelar el espíritu de sus hijos.

Los hijos hechos grandes,
Serán reflejo de su madre,
Y a la autora de sus días,
Brindarán sus galardones plenos...

MENSAJE A MARIA

Singular mañana aquella,
La aurora desplegaba,
Sus galas purpúreas,
Inundando luz deslumbradora,
Los astros siderales pregonaban,
Pronósticos de redención;
Angeles entonando melodías nuevas,
Las aves cantando,
Revoloteaban en el espacio.
Los montes salmeaban,
Himnos de alabanzas;
Las aguas marinas,
Coreaban preludios.

En esa mañana divina,
El Todopoderoso envió,
Al ángel Gabriel en un mensaje glorioso,
A Nazaret de Galilea,
Llegando al aposento,
De una virgen llamada María,
En lenguaje divino la saludó.

¡Oh! ¡altamente favorecida!
¡Dios te guarde!
Es contigo el Señor,
Tú, bendita entre,
Las generaciones todas.

María toda turbada,
un ángel al ver ante ella,
Con salutación tan celestial,
El mensaje María no entendió,
En su corazón discurría:
¡Esta salutación!¿qué puede ser?
Mas el ángel Gabriel,
Al ver su turbación le dijo:
"María no temas, en Dios,
Has hallado favor,
El Espíritu Santo vendrá sobre tí,
Y la virtud del Altísimo,
Se proyectará en tu ser,
Por tanto darás a luz un Niño,
Hijo de Dios será llamado,
Y, le nombraras Jesús.

El será grande y reinará,
En el Trono Celestial para siempre".

María toda anonadada contestó:
He aquí, yo soy la sierva
Del Altísimo;
Hecha sea en mí seguir,
Su Palabra,

El ángel Gabriel se fue,
Después de dejar el magno,
Mensaje profético,
A María, la adolescente tan
Maravillosamente santa,
Y Dios se hizo carne,
Para redimir al mundo...

La virgen María al oir,
Las bellas palabras de Gabriel,
Llenas de bendiciones,
Y maravillosos anuncios,
Y, ser motivo de tan
Alta investidura,
Toda temblorosa,
de rodillas cayó,
Entrando en oración,
Adorando y dando gracias,
Al Dios Todopoderoso.

En aquel instante divino,
Con la designación,
De hacerla Madre del Salvador,
A María, criatura privilegiada,
El espíritu femenino,
Fue nuevamente sublimizado,
Por designio e inspiración,
Del Sublime Omnipotente.

La Madre recibe de Dios,
Admirables dones de su divinidad,
Siendo fuente de amor,
Santo y providencial,
Poseida de gran fe en el bien,
de dirigir y hacer el hogar.

La Madre en todo tiempo,
Es la torre de marfil,
Donde anida el amor y abnegación,
Para el esposo y los hijos.

La madre posee en su corazón,
La arcilla divina,
Para amoldar el caracter,
Y el espíritu del amado hijo,
Ante los destinos futuros,
Designados por la Providencia.

Es a la Madre a quién pertenece,
Mantener vivo el fuego,
Sagrado del amor,
y hacer gloriosa,
Su misión en el mundo,
Como Soberana Esposa,
Y Madre del Hogar.

DOLOR Y GLORIA

Dos hombres iban caminando,
por un sendero montañoso,
Saliendo de Jerusalén,
hacia una aldea llamada Emaús,
Estaban inménsamente tristes.
Descorazonados, sin esperanza, ni fe;
Las mejillas empapadas en llanto;
El deseo único, llegar al hogar,
Llorar, meditar y orar...

Seguían caminando absortos en su dolor;
Cerca de ellos, llegose un hombre,
Sin dejarse sentir, y les dijo:
¿Por qué vais tan desolados y llorando?
Cleofas el más joven le respondió:
Tú solo peregrino eres en Jerusalén,
Cruzaste media ciudad doliente.
¿Cómo no lloras de los grandes
Acontecimientos sucedidos?

Los cielos se oscurecieron,
La tierra temblaba,
Las piedras partidas están,
"El lirio de Nazaret"
Cristo Jesús varón perfecto,
Poderoso en obra y palabra,
Ante Dios y todo el pueblo.
¡Nuestros príncipes de los sacerdotes!
Le entregaron a condenación,
De muerte y crucifixión,
Mas nosotros esperábamos,
Que El iba a redimir a Israel,
De opresores y Romanos liberarnos.

El hombre les contestó:
Oh insensatos, hombres duros de corazón,
Y poca fe, acoordaos de todo lo que
Los profetas han dicho desde Moisés;
Así está escrito y era necesario que,
El Cristo padeciera y resucitara
De los muertos y entrar en su gloria.

Tan absortos estaban en su lobreguez,
Que no observaron en la persona,
Que les hablaba y acompañaba.
Al llegar a la aldea, el extraño,
Hizo de ir más adelante,
Ellos le detuvieron,
Amorosamente y le dijeron:
Quédate con nosotros, es tarde,
La noche va cerrando sus mantos.

El desconocido accedió, paso al aposento,
Le sentaron a la cabecera,
Estando los tres en la mesa,
El extraño tomó el pan y alzo sus manos,
bendiciendo y partiendo les dió.

Entonces, fueron abiertos los ojos
De ambos, exclamando a la vez:
¡Es el Señor Jesús! ¡Ha resucitado!
Presto se levantaron para adorarle.
¡Cristo desapareció!.

Volvamos a Jerusalén,
Llevemos ésta buena nueva,
A los apóstoles y discípulos,
Digámosles; ¡Cristo ha resucitado!
¡Vive!¡Vive! ¡El Salvador!

MATANZA DE INOCENTES

Al Rey de Reyes, desaparecer quizo Herodes,
Matanza hizo de niñitos inocentes en Belen;
Antes, la Sagrada familia huyó a Egipto;
El niñito Jesús salvo estaba...

Emanan murmullos de cánticos celestiales,
Un ángel lleno de espendor,
Llegose ante la Sagrada familia,
Y dijo: José toma a la madre y al niño,
Vuelve a Israel, desaparecido Herodes es.

Prestamente José, el Justo,
Pensó en un lugar seguro,
Pués el hijo del malvado reinaba;
Para Jesús, volvamos a Nazaret,
Aldea montañosa, desairada,
Habitada de gente pobre y sencilla.

José, maestro fue,
Para inculcar al niño,
De los rollos de Moises,
Jueces, Reyes y Profetas.
María mediante el Espíritu Santo,
Recibió sabiduría, para que el niño,
De labios de ella y sobre sus rodillas,
Aprendiera cosas sagradas;
La madre gozaba del niño,
Mas de sus reacciones divinas,
Guardaba en su corazón.

El hijo de Dios,
Pasó infancia y juventud,
En despreciable aldea: Nazaret de Galilea.
Creciendo en sabiduría y en estatura,
Y en gracia para con Dios y los hombres.

LUZ MISTERIOSA

De un resplandor del cielo, el alba irrumpe sus galas doradas,
La brisa acaricia el ambiente de suave perfume,
Una silueta se desliza por un sendero,
Se dirige al bosque, desaparece entre arbustos.

A lo lejos se destaca una luz Misteriosa,
La silueta va al encuentra del Ser Supremo,
Se confunden en infinitos destellos: Dios e Hijo,
Entre las sombras de tupidos árboles;
Mientras la pequeña Nazaret aún duerme.

José, el carpintero galileo, afanoso;
confecciona enseres de uso hogareño.
María, la santa, prepara alimentos;
Presto llegará su hijo Jesús;
Al bosque es ido, en busca de madera,
Para las obras de su padre y las suyas.

Llega feliz al hogar, el carpinterito,
Trayendo sudoroso, trozos de madera,
Jesús alegre, ofrece a su padre,
Sonriente y callado, agradece José.

María anuncia servida la comida;
Pasan contentos, al aposento continuo;
Mientras José da gracias por el alimento,
El joven Jesús, rememora el encuentro con el Creador.

Así pasan momentos sencillos,
Un hogar humilde en un pequeño pueblo,
Sin ninguna importancia para su tiempo,
Del joven que resulta ser. La Luz del Mundo.

Tú hombre triste, agobiado por el peso del mundo,
Levántate, anda en esa Luz que es:
Victoria, Paz y Gloria.
La Paz, Enero de 1980.

Matilde Valenzuela de Rivas

Madre, esposa y abuela.
Nació en La Paz, al comienzos del Siglo 20.
Adolescente estudió en el Instituto Americano y en el Conservatorio Nacional de Música de La Paz . Incursionó en poesía desde 1919.
Fue profesora de solfeo y piano del Conservatorio, destacada institución fiscal de cultura musical paceña.
Se casó en 1925 con Moisés Rivas Delgado, ingeniero de la Dirección Nacional de Vialidad, luego fue industrial minero.
Matilde, mujer cívica, patriota y bíblica, madre de la ceramista y pintora Yolanda Rivas de Ploskonka, la trabajadora social Tulia Rivas de Aranibar y del ingeniero geólogo Moisés Salomón Rivas Valenzuela.
Abuela de Matilde, Kathia y Paulo Taborga Rivas; Yamandú y Solveiga Ploskonka Rivas; y de David Roy, Ximena y Jonathan Rivas Murillo.
Matilde fue Presidenta y/o miebro del Directorio de la Acción Cívica Boliviana, CONIF y la Asociación Cristiana Femenina.
Daba Mensajes Bíblico en Radio Bolivar, en 1945, constituyéndose pionera para la formación de la Radio Cruz del Sur. Varias hojas de sus poemas fueron publicadas en Semana de Ultima Hora.

Homenaje a la muerte de Matilde Valenzuela de Rivas

Varona de Dios

Mujer cuya vida fue de entrega
Amor a los suyos y a
Toda la humanidad
Inculcó las enseñanzas de Jesús
Lo mismo que la música y las artes
Dios la tiene en su Reino
Entre las almas más tiernas.

Cristina Virreira
La Paz, 8 de Julio de 1990

Alma Grande de Matilde. En el fondo de los corazones hay silencio y en fondo del silencio; se oye un nuevo canto a la vida. En silencio.
Tus hermanos en Cristo, Magda Pacheco y Familia
La Paz, 7 de Julio de l990.

Si no los quieres ni obedeces a tus padres, ni amas a tus hermanos, amigos y vecinos; no puedes ser patriota.

Si no cumples las leyes de tu Patria, no obedeces a las autoridades, ni pagas tus impuestos y tus deudas, no puedes cumplir los mandamientos de Dios; de modo que no eres hijo de Dios.

Dios es eternamente misericordioso, justo y amoroso.